Los bajos, una cartografía

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La viñeta, aparecida en agosto de 1906 en el primer número de la revista ilustrada Patria Gallega, muestra a un marinero cariacontecido al que le están colocando un aparatoso flotador mientras sostiene un rosario. Debajo, estos versos:

«Cuando entra en el mar se escama
y en la boca lleva el credo.
Es muy disculpable su miedo
que tienen muy mala fama
los bajos de Corrubedo».

Y muy merecida, además. Hasta los más impávidos lobos de mar tragaban saliva cada vez que tenían que atravesar aquella floración de escollos metidos en sus cascarillas de madera. Y aunque la navegación ya no es lo que era —por suerte—, esas ladinas peñas todavía nos dan un susto de vez en cuando.

Hoy toca hablar de ellas.

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El increíble asunto del vapor holandés Friesland

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Esta nave u otra absolutamente idéntica era el SS Friesland [nos explicamos más abajo]
Un gran barco hundido con tres palos asomando a flor de agua. Un hombre muerto en la cofa que ha sucumbido al hambre y la sed. Este fue el panorama que según nos cuenta la tradición oral se encontraron los marineros de Corrubedo cuando salieron a pescar tras más de una semana esperando a que amainase la tormenta.

El barco era el Friesland, mercante holandés con el vientre cargado de estaño en el que nadie se salvó. Naufragó tal día como hoy hace 140 años, el 5 de diciembre de 1877, o eso dicen. Pero como el iceberg del Titanic, aquí solo pudimos percibir una mínima parte de las peripecias navales de un buque con una interesante historia: para entenderla hay que remontarse 9 años más atrás —a antes, incluso, de su construcción— y viajar 3.844 kilómetros en dirección hacia el este. Hasta Egipto.

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Al rescate del Baligan

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Fotografía de Luis Polo publicada en La Voz de Galicia

Sabíamos que algún día tenía que ocurrir y ha ocurrido.

Desde que inauguramos este blog éramos conscientes de que tarde o temprano tendríamos que encarar la cuestión de cómo afrontar un accidente marítimo acaecido en nuestras costas no en el pasado sino en el presente. ¿Hablaríamos de ello o dejaríamos que pase el tiempo, esperando a que las eventuales heridas pudieran cicatrizar?

No sabemos cómo actuaremos la próxima vez. No es una decisión fácil. Pero, habida cuenta de que los acontecimientos de ayer han tenido final feliz y, sobre todo, que un barco de Corrubedo ha sido el gran perpetrador del rescate, hoy sí que nos vamos a animar y dejar constancia del salvamento del Baligan, el último de una larga lista de navíos que han batido en nuestros bajos a lo largo de los siglos.

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