La patrona del mar retrasó la lluvia

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No nos extrañaría. Que hubiese sido la propia Virgen del Carmen quien intercedió allá arriba para que las nubes grises aguardasen un tiempo extra antes de descargar. Algún paraguas se iba abriendo aquí y allá, cierto, pero el suave orballo no perturbó el avance de la procesión ni el deseo de rendir tributo a la patrona de la gente del mar.

Una patrona que lució sus mejores galas. Prendida en el manto, la medalla que en 1961 la Sociedad Española de Salvamento de Náufragos concedió a los habitantes del pueblo por su heroico comportamiento en el naufragio del Debonair.

Justo después de regresar al templo y cantar la Salve Marinera, entonces sí: entonces empezó a llover de verdad.

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Balieiros, días de ser salvajes

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Pensándoselo una vez más

Si el faro es un centinela, Balieiros es un cementerio sin cruces: la playa donde se recuestan las ballenas que saben que van a morir y donde la mar, cuando hay suerte, escupe los cadáveres de los náufragos.

Balieiros es un filo traicionero y mellado. Los sentidos se estremecen en días de temporal y en verano los bañistas se lo piensan tres veces… y hacen bien. Las corrientes te arrastran y el atlántico te envuelve y cuando menos te lo esperas escribirán tu esquela.

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A Ladeira, paraíso 24/7

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La playa de A Ladeira: tomar asiento en esa silla y dejar que el tiempo pase… sin más

Mil doscientos cincuenta metros. Igual que caminar desde el Empire State Building hasta el Chelsea Hotel. Solo que, en vez de rascacielos, cláxones y taxis amarillos, se sacian los sentidos de mar, de sal, de hectáreas de arena tenue como la sombra de un verso. De aire sin encajonar.

Así es A Ladeira.

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El puerto, pulmón, corazón y alma

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Merece la pena madrugar para ver cómo el astro rey se yergue sobre el puerto de Corrubedo

Si desde el faro se pueden contemplar los más bellos anocheceres a este lado del Atlántico, no hay mejor sitio para extasiarse con la salida del sol que el puerto de Corrubedo. Sí, hay que madrugar un poco, pero compensa. Resulta hipnótica la experiencia de ver cómo el disco de fuego remonta desde detrás de los montes y se eleva sobre la bahía, arriba, más arriba, disparando su estela dorada a través del mar, de los barcos, de las rocas, de la orilla espumosa, hasta alcanzar la playa de A Robeira mientras una gaviota cruza de izquierda a derecha o de derecha a izquierda para terminar de redondear esa estampa de postal o wallpaper o foto de Instagram que nos llena de energía y nos sube la moral en momentos de marasmo, desgana o bajón, llámalo como quieras.

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Un torneo de pesca en el faro no apto para aprensivos

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En el día de hoy, 11 de septiembre de 2016, quince años después de que las Torres Gemelas sucumbieran allá al otro lado del Atlántico, un grupo de aficionados heroicos ha disputado en el entorno del faro de Corrubedo un campeonato de pesca desde roca a fondo: el primero de este tipo nunca antes celebrado en la península del Barbanza.

Parece que los dioses de la meteorología se lo han querido poner difícil a los participantes ya que, tras semanas ininterrumpidas de sol, hoy hemos amanecido con niebla espesa y un mar de esos que es preferible admirar de lejos…

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En el vientre del faro de Corrubedo

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Justo aquí arranca la escalera de caracol que sube por la torre de 14 metros de altura

¿Habéis estado alguna vez en el interior del faro de Corrubedo? ¿No? Pues nosotros tampoco… Hasta ayer.

Sí. Ayer sábado 20 de agosto al fin pudimos franquear esa puerta de color verde de doble hoja tantas y tantas veces vista y fotografiada, en verano y en invierno, con sol y con lluvia, de día y de noche. Siempre cerrada. Siempre repeliendo la mirada de los curiosos y transeúntes, ocultando lo que esa edificación proyectada a mediados del siglo XIX por un tal Celedonio de Uribe guarda en su vientre.

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