Relato de un náufrago (versión española)

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Moonlit Shipwreck at Sea, de Thomas Moran (1837-1920)

Sobre la tapa de un escotillón hay un hombre. Está flotando a lo lejos. Inerme. Desde la costa de Corrubedo lo divisan los carabineros. Un bote de pescadores acude hasta él. Al ver aquella embarcación, acercándose, el náufrago ruega por su vida. Grita que no lo maten. Exclama que él también es cristiano.

Y afirma el periódico:

«¡Qué idea tienen formada de nuestro país los extranjeros!»

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Virginie: un mal viaje

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Una página de anuncios de 1913 en el diario pontevedrés La Correspondencia Gallega

Fijaos en la hoja.

Todas las grandes navieras europeas de la época están contenidas en ella. Arriba a la izquierda, Lloyd Norte Alemán… o lo que es lo mismo, Norddeutscher Lloyd, compañía teutona propietaria del SS Salier, hundido en nuestras costas (281 muertos). Justo debajo, Chargeurs Réunis, casa armadora dueña del trasatlántico francés Dom Pedro, hundido en nuestras costas (83 muertos). A sus cinco en punto, la Compañía Trasatlántica Española, titular del Santa Isabel, vapor que no: no se hundió en nuestras costas sino un poco más allá, frente a la isla de Sálvora, pero el faro de Corrubedo —fue la conclusión a la que llegaron las investigaciones— tuvo mucho que ver en aquel luctuoso lance (213 muertos)…

La Mala Real Inglesa, La Nelson Lines, las Compañías Hamburguesas, la Compañía del Pacífico y White Star Line, la Hamburg Amerika-Linie, la Compañía Arrótegui… Viajes a Río de Janeiro, Nueva York, Buenos Aires, Santiago de Cuba, Montevideo, La Habana, Filipinas, Fernando Poo…

Una página publicitaria típica de su tiempo. Saturada de ofertas con las que canalizar el imparable flujo migratorio que, a principios del siglo XX, manaba torrencial de Galicia hacia otras tierras. Hombres y mujeres con tres mudas y un par de sueños guardados en sus maletas de cartón.

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Las leyes de la hospitalidad y otros peligros

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Las vueltas que da la vida, el destino se burla de ti, Atila

Corría el año 453 cuando Atila, rey de los hunos, celebró su sexta boda con una hermosa princesa goda llamada Ildico. El enlace se produjo en el palacio de madera que el apodado Azote de Dios poseía a orillas del río Tisza, afluente del Danubio, donde se preparaba para invadir Constantinopla y ponerle los puntos sobre las íes al emperador Flavio Marciano Augusto, quien había osado dejar de pagarle tributo.

Cuentan que Atila, hombre habitualmente parco en vicios, brindó con vino con cada uno de sus muchos invitados y después se marchó con su nueva esposa al lecho nupcial. ¿Y qué tiene esto de particular? Bueno… Pues que si John Bonham, batería de Led Zeppelin, y Bon Scott, vocalista de AC/DC, perecieron ahogados en sus propios vómitos después de sendas noches de moña criminal, el caso de Atila fue aún más sangrante: murió víctima de una hemorragia nasal tras tumbarse boca arriba a dormir la mona, asfixiado por sus leucocitos, eritrocitos y plaquetas mientras roncaba encerrado en una nube de estupor etílico que lo dejó K.O. para alivio de la hierba de los imperios de Roma (de oriente y occidente).

El post de hoy va de otra borrachera proseguida de ahogamiento mortal. Nuestro héroe, claro, no era ningún gran conquistador ni tampoco una estrella del rock molona. Nuestro héroe, José Barbeito, era alguacil del Juzgado de Primera Instancia de Noia. Y este fue su agridulce final…

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