Frise: la tragedia que no fue (pero sí)

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El barco que sí fue

Los incondicionales de El Diario de Santiago lo leyeron el sábado 12 de enero de 1878. Había 450 personas a bordo. Nadie sobrevivió.

Un naufragio que no figura en los rankings. De ser cierta, sería la mayor tragedia registrada en los bajos de Corrubedo, mucho más funesta que la del malhadado Salier (282 víctimas). Y sería la segunda de toda la Costa da Morte, solo rebasada por el arrogante Captain (de 453 a 482 muertos).

¿Ocurrió realmente? ¿Existió un vapor llamado Frise atiborrado de tesoros cuyo destino se truncó el día en que tropezó con los escollos del cabo?

No.

Pero algo hubo.

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El increíble asunto del vapor holandés Friesland

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Esta nave u otra absolutamente idéntica era el SS Friesland [nos explicamos más abajo]
Un gran barco hundido con tres palos asomando a flor de agua. Un hombre muerto en la cofa que ha sucumbido al hambre y la sed. Este fue el panorama que según nos cuenta la tradición oral se encontraron los marineros de Corrubedo cuando salieron a pescar tras más de una semana esperando a que amainase la tormenta.

El barco era el Friesland, mercante holandés con el vientre cargado de estaño en el que nadie se salvó. Naufragó tal día como hoy hace 140 años, el 5 de diciembre de 1877, o eso dicen. Pero como el iceberg del Titanic, aquí solo pudimos percibir una mínima parte de las peripecias navales de un buque con una interesante historia: para entenderla hay que remontarse 9 años más atrás —a antes, incluso, de su construcción— y viajar 3.844 kilómetros en dirección hacia el este. Hasta Egipto.

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