Crónica de un reencuentro

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Las familias Davis y Reino se funden en un abrazo 58 años después

Cincuenta y siete años, once meses y diez días después de que la estela del Debonair se disipase en el océano y de que sus tres ocupantes desapareciesen en el horizonte, alejándose de nuestras vidas o de las vidas de quienes entonces moraban en el cabo, una integrante de la familia Davis ha vuelto a Corrubedo para cerrar el círculo.

Hoy, domingo 24 de febrero de 2019, Hanna Slater [sobrina de Thomas, nieta de William y Heather] ha estado aquí.

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Ocho apellidos

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Resumen de los apellidos registrados en los distintos censos a lo largo de la historia

Ageitos. Sayar. Lojo. Olveira. Lijó. Gude. Romero. Ayaso. Los ocho apellidos diseccionados en un estudio que resumimos hoy aquí.

Su autor se llama Edmundo Fraga López. De Ferrol pero bisnieto de un corrubedano: José María Romero Sayar, nacido el 30 de enero de 1892 en una familia de pescadores con casa en el puerto, que alcanzó el grado de contramaestre como militar en la Armada y que murió de bronconeumonía en 1946 cuando desempeñaba el cargo de práctico en la Escuela Naval de Marín.

Los derroteros profesionales de Edmundo son bien distintos. Tras formarse como ingeniero industrial, trabajó siete años en el Laboratorio Europeo de Radiación Sincrotrón en Grenoble (Francia) y ahora lo hace en el Sincrotrón ALBA en Barcelona, el mas importante acelerador de partículas que hay en España.

En 2003 se propuso investigar la historia familiar y para ello se adentró en la lobreguez de los archivos históricos en busca de sus raíces y de las frondosas ramas de un árbol que, en lo que concierne a Corrubedo, abarca con su sombra todo el pueblo.

Física subatómica y genealogía. Blanco y negro. Ying y Yang. Y sin embargo, las mismas dosis de pasión, precisión y paciencia. Mucha paciencia.

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Presentación en sociedad

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Tres oradores

Ahora sí. Después de su cuasimprovisada puesta de largo con las uvas de fin de año, Corrubedo XI Siglos ha sido presentada formalmente en sociedad.

Lo hizo el pasado domingo en la casa del mar ante un nutrido grupo de vecinos que, minutos después de misa, acudió hasta allí para escuchar lo que tenían que decir tres de los miembros de la junta directiva de la nueva entidad… o entidad de entidades, pues en ella están aglutinados varios colectivos locales. El trío de oradores lo conformó el concejal Suso Freire, Francisco Sánchez Fraga y Fernando Vilariño, con Flor Vidal levantando acta.

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Corrubedo, once siglos

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Concordia de Antealtares, primera referencia escrita al hallazgo del sepulcro del Apóstol

El principio de esta historia es harto conocido. Hacia el año 813, un tal Pelayo, eremita él, vio que una estrella refulgía de un modo extraño encima del bosque Libredón y corrió a contárselo al obispo Teodomiro en su diócesis de Iria Flavia. Ambos regresaron al sitio en cuestión y descubrieron uno de los mayores tesoros de la cristiandad: en una antigua necrópolis romana yacía el sepulcro de Santiago el Mayor junto a las tumbas de dos discípulos, Teodoro y Anastasio, aquellos que —decía la leyenda— habían traído a este confín el cadáver del Apóstol a bordo de una balsa de piedra tras ser decapitado en Judea por soldados de Herodes Agripa. Informado del milagroso hallazgo, el rey astur Alfonso II ordenó construir sobre aquel lugar una modesta capilla. Fue el corazón del Locus Santi Iacobi, la meta de todas las rutas jacobeas, el punto en que centurias más tarde se habría de levantar una catedral.

No es tan conocido que aquel mismo Alfonso II, apodado El Casto —tenía esposa pero nunca cohabitó con mujer—, hizo venir a doce monjes benedictinos con la misión de custodiar las sagradas reliquias. Para ellos se edificó un cenobio, una endeble instalación de piedra, madera y barro situada unos metros a oriente de donde reposaban los huesos santos, cerca de tres altares consagrados al Salvador y a San Pedro y San Juan que explican el nombre con que fue bautizada: Antealtares. El convento tuvo a Ildefredo de primer abad y, además de cuidar el sepulcro, debió asumir la responsabilidad de rendir culto al Apóstol celebrando misas en su honor, cantando oficios y atendiendo a los peregrinos que, aún escasos a mitad del siglo IX, acudían de tierras hispanas no sometidas por el Al-Andalus.

Y lo que, hasta hace bien poco, solo era conocido por un puñado de eruditos e investigadores de la Alta Edad Media, es lo que relataremos a continuación. El hecho que va a provocar que, desde esta misma medianoche, cuando los relojes de Praza do Obradoiro y de la madrileña Puerta del Sol den las doce campanadas, Corrubedo vaya a estar todo el año en traje de fiesta.

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