Un regalo en el océano

ballenas-gardacostas-corrubedo

Faro de Vigo, La Sexta, Antena 3, La Voz de Galicia, El Correo Gallego, La RegiónLa Opinión, Cadena COPE… Medios de prensa, radio y televisión que se han hecho eco en las últimas horas del feliz avistamiento.

Sin embargo, la noticia apareció antes en Internet. En una cuenta de Twitter: la de Gardacostas Galicia ayer miércoles 15 de agosto a las tres y treinta y tres.

Seguir leyendo “Un regalo en el océano”

Hvalen, la nave que vino del frío (segunda parte)

flv-hvalen.jpg
El Hvalen, en una foto no tan nítida como la que publicamos en la primera parte

Lost. Segunda temporada. Episodio siete. En el encuadre una playa desierta de mar color turquesa. Una palmera. Un límpido cielo azul levemente tiznado por una insinuación de nubes encima del horizonte. El rumor de las olas se confunde con el murmullo de la brisa creando un lienzo sonoro sobre el que picotea ocioso el graznido de algún ave tropical. El plano se sostiene monótono, desafiando las convenciones propias de una obra audiovisual de ficción con audiencias [y descargas] millonarias. Dos. Ocho. Diez. Quince segundos. Emerge otro ruido. Al principio hay que aguzar el oído para escucharlo. Punzante. Continuo. El ruido va in crescendo hasta acabar por rasgar aquella idílica estampa de paz. Como el corolario de un eco, entra en plano un objeto volante girando sobre sí mismo. Pasa en un santiamén pero, si estáis atentos, lo identificáis.

Es la cola de un avión que se estrella en el agua.

Y tras este disruptivo arranque de capítulo asistimos a los primeros 48 días en la misteriosa isla de los otros supervivientes del avión, los que viajaban en la parte trasera. Porque resulta que además de Jack, Kate, Sawyer y el resto de pasajeros del vuelo 815 de Oceanic Airlines sobre cuyas evoluciones nos hemos tenido que tragar más de veinte horas de emisión, había otros sobrevivientes: los Señor Eko, Ana Lucía y demás. Cada grupo enfrentándose a los enigmas de aquel lugar (y a sus propios fantasmas) como si fuesen los únicos testigos vivos de la catástrofe.

En cierta manera, eso pasó también en el naufragio del Hvalen. Primero, en Corrubedo, dos rescates. Y con ellos telegramas que reposaron sobre bruñidas mesas ministeriales en Madrid y propiciaron la publicación de una serie de noticias en las que se dieron por muertos al resto de tripulantes del barco. Y después, más al sur…

¿Que sucedió más al sur?

Eso es lo que nos disponemos a relatar ahora.

Allá vamos.

Seguir leyendo “Hvalen, la nave que vino del frío (segunda parte)”

Hvalen, la nave que vino del frío (primera parte)

hvalen.jpg
El vapor noruego Hvalen, del que hoy, justo hoy, se cumple un siglo de su hundimiento

Dos náufragos. Uno sueco. El otro ruso. Salvaron el pellejo gracias a dos corrubedanos. Abel Lugerrtray [a saber cómo se deletreaba en realidad] llevaba seis horas aferrado al palo de proa del buque accidentado cuando fue rescatado por la dorna de Manuel Díaz. Y Cari Orterlamw fue recogido de un bote salvavidas por la lancha de Ventura Fernández García.

Los hechos, acaecidos a dos millas de nuestro puerto, ocurrieron el 29 de marzo de 1918. Hoy por lo tanto se cumple un siglo. Fecha redonda.

Dos náufragos. Uno sueco. El otro ruso. Pero el buque era noruego y tenía una tripulación de 27 hombres. Hvalen, se llamaba. Que quiere decir Ballena y no por casualidad. Su historia vale la pena.

Seguir leyendo “Hvalen, la nave que vino del frío (primera parte)”

De ballenas azules

tercera-ballena-azul-corrubedo.jpg
Sí: ¡es una inmensa ballena azul asomando el lomo cerca de Corrubedo!

Quienes las vieron no daban crédito. No una. No dos. Sino tres de estos formidables mamíferos nadando frente a nuestras costas. La primera fue avistada el 8 de septiembre en aguas de la ría de Muros y Noia. La segunda, el 20 de septiembre al noroeste de la isla de Ons. Y la tercera, la mayor de todas, resultó una aparición por partida doble: primero el 9 y después el 31 de octubre, en ambos casos cerca de Corrubedo.

Tres ballenas azules. El animal más grande que jamás moró en el planeta Tierra. Mayor que un diplodocus. Pesa como siete autobuses de dos pisos. Su lengua es del tamaño de un elefante. Su corazón —de las dimensiones de un Mini Cooper— se puede oír palpitar a tres kilómetros de distancia. Posee unas arterias tan anchas que una persona adulta podría bucear por ellas… Algo brutal.

Y resulta que pasan por aquí. Que no hace falta recurrir a los documentales del National Geographic para cautivarnos con su avasalladora presencia. Que con algo de voluntad, mucha paciencia y enormes dosis de suerte… quién sabe… a lo mejor podemos verlas avanzar majestuosas en directo, doblando el cabo.

Seguir leyendo “De ballenas azules”