Balieiros, días de ser salvajes

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Pensándoselo una vez más

Si el faro es un centinela, Balieiros es un cementerio sin cruces: la playa donde se recuestan las ballenas que saben que van a morir y donde la mar, cuando hay suerte, escupe los cadáveres de los náufragos.

Balieiros es un filo traicionero y mellado. Los sentidos se estremecen en días de temporal y en verano los bañistas se lo piensan tres veces… y hacen bien. Las corrientes te arrastran y el atlántico te envuelve y cuando menos te lo esperas escribirán tu esquela.

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Orquídea salvaje

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—Las orquídeas son una excusa para el calor. ¿Le gustan?
—No especialmente.
—Son repugnantes. Sus pétalos se parecen demasiado a la carne humana y su perfume tiene la fétida dulzura de la corrupción.

De esas casualidades felices. Hace justo un año, 26 de enero, con ocasión del aniversario de su nacimiento, publicábamos aquí un artículo sobre José Quer y Martínez (1695-1764), uno de los padres fundadores de la botánica española, a quien su afán investigador le llevó a recorrer estas tierras en busca de plantas que analizar.

Y mira tú por dónde que otro 26 de enero, el de 2011, en el parque natural de Corrubedo, dos fotógrafos hallaron una especie que hasta entonces había pasado desapercibida: una clase de orquídea de la que no había constancia de su presencia no solo en la provincia sino en toda la comunidad.

Hizo la número 40 de las variedades de orquídea habidas en Galicia. Y lo que es más: de todas las existentes en la península Ibérica, es la única que florece en invierno, rasgando con sus exuberantes colores tanta monotonía.

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Los bajos, una cartografía

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La viñeta, aparecida en agosto de 1906 en el primer número de la revista ilustrada Patria Gallega, muestra a un marinero cariacontecido al que le están colocando un aparatoso flotador mientras sostiene un rosario. Debajo, estos versos:

«Cuando entra en el mar se escama
y en la boca lleva el credo.
Es muy disculpable su miedo
que tienen muy mala fama
los bajos de Corrubedo».

Y muy merecida, además. Hasta los más impávidos lobos de mar tragaban saliva cada vez que tenían que atravesar aquella floración de escollos metidos en sus cascarillas de madera. Y aunque la navegación ya no es lo que era —por suerte—, esas ladinas peñas todavía nos dan un susto de vez en cuando.

Hoy toca hablar de ellas.

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A Ladeira, paraíso 24/7

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La playa de A Ladeira: tomar asiento en esa silla y dejar que el tiempo pase… sin más

Mil doscientos cincuenta metros. Igual que caminar desde el Empire State Building hasta el Chelsea Hotel. Solo que, en vez de rascacielos, cláxones y taxis amarillos, se sacian los sentidos de mar, de sal, de hectáreas de arena tenue como la sombra de un verso. De aire sin encajonar.

Así es A Ladeira.

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El puerto, pulmón, corazón y alma

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Merece la pena madrugar para ver cómo el astro rey se yergue sobre el puerto de Corrubedo

Si desde el faro se pueden contemplar los más bellos anocheceres a este lado del Atlántico, no hay mejor sitio para extasiarse con la salida del sol que el puerto de Corrubedo. Sí, hay que madrugar un poco, pero compensa. Resulta hipnótica la experiencia de ver cómo el disco de fuego remonta desde detrás de los montes y se eleva sobre la bahía, arriba, más arriba, disparando su estela dorada a través del mar, de los barcos, de las rocas, de la orilla espumosa, hasta alcanzar la playa de A Robeira mientras una gaviota cruza de izquierda a derecha o de derecha a izquierda para terminar de redondear esa estampa de postal o wallpaper o foto de Instagram que nos llena de energía y nos sube la moral en momentos de marasmo, desgana o bajón, llámalo como quieras.

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Dos minutos y medio para vencer la nostalgia

Acabó el mes de agosto. Acabaron los días más ardientes del verano, los más frenéticos, y muchísima gente ha hecho las maletas para regresar a sus lugares de origen. Con tristeza.

Pensando en los que ya se han despedido, hemos hecho este pequeño, modesto, insignificante vídeo. Un anochecer cualquiera en el faro. Nada del otro mundo. Pero seguro que ayudará a vencer la nostalgia y/o dominar el estrés. Dos minutos y medio de calma. Dos minutos y medio de paz en la punta del cabo.

En el confín del mundo

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El faro centenario de Corrubedo preside una puesta de sol salpicada de nubes de hielo y fuego

Cabo Corrubedo. Latitud 42º 34,60N. Longitud 009º 05,40W. Este saliente de piedra ha sido doblado a lo largo de la historia por artefactos marítimos de todo pelaje y condición: gaulos fenicios, galeras romanas, drakkars vikingos, galeones ingleses, carabelas españolas, steamers franceses, submarinos alemanes… No quedaba otro remedio. Esto es un confín en la tierra pero un hito estratégico en las rutas por mar: tanto las que unen Europa con América como las que zurcen el Mediterráneo con el Atlántico norte están condenadas a atravesarlo. Maniobra complicada, con bajos traicioneros que incluso navegantes curtidos no han sabido interpretar. Miles de cadáveres tienen su sepultura aquí, frente a este risco apartado, dejando una tumba vacía en un cementerio erigido en algún lugar.

Hoy sin embargo —es el signo de los tiempos— recibe la visita constante de los francotiradores de la belleza. Elocuente paradoja de nuestra era: en un mundo digital e interconectado, surcado de cables oceánicos capaces de resistir las dentelladas de los tiburones para que nunca nos falle internet, perseguimos los lugares menos manoseados por la zarpa del hombre. Aquí vienen coleccionistas de selfies, observadores de tormentas, adoradores de las puestas de sol, prosélitos del océano, vigilantes de estrellas en un cielo sin más contaminación lumínica que la de un faro que, de tan viejo —tiene más de 150 años—, ha sido indultado de su condición de producto humano.

El signo de los tiempos, sí. Lo que antes estaba alejado e infundía temor hoy es atracción turística.

Y que así sea.

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La violencia de las olas estallando contra las rocas posee una belleza espeluznante
3 gozada
El ocaso combinado con la fueza del mar: cóctel bestial
4 selfie
Haciéndose un selfie en la «hora mágica» apoyados en la mampostería del faro
5 gyyris
Esta carretera inhóspita es el único acceso a la punta del cabo
6 cine
La vieja vivienda del farero, con las ventanas tapiadas, mientras se graba una escena de cine
7 love.
Mirar la puesta en compañía cunde mucho más y dota al momento de romanticismo
8 azul
La naturaleza rocosa del entorno se presta a entretenerse haciendo equilibrios
9 centinela
La antigua sirena de niebla, fiel compañera del faro desde principios del siglo XX
10 despedida
¿Son aves o brujas montadas en sus escobas?
11 ultimosrayos
Atmósfera irreal la que se puede llegar a sentir si te acercas lo suficiente como decía Capa
12 flor
Incluso entre tanta piedra hay sitio para una flor
13 davidgoliat
Barcos de todos los tamaños siguen doblando el cabo de norte a sur y de sur a norte
14 fantasma
También en la «hora azul» que precede a la noche los visitantes se sobrecogen
15 breixo
Pero no hay momento sublime o sobrecogedor que resista la alegría de un niño
16 pavor
Las olas en acción a la luz del día frente a una ristra de rocas puzantes
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La última foto: apenas dos segundos antes de que desaparezca el sol tras el Atlántico