La Oficina de Patentes y Marcas tiene un buen buscador.

Si tecleas «Ribeira» (y, sobre todo, «Riveira») te vas a topar un buen puñado de inventos ideados por ocurrentes vecinos de nuestro municipio: un envase para sardinas prensadas, una nasa de fondo desmontable, un sistema que permite a un submarino siniestrado hacer presente su situación y pedir socorro, un dispositivo halador de varas para recogida de artes de pesca de arrastre, un emerillón giratorio para artes de pesca, una rueda acoplable desmontable en caja para pescado, una instalación automática de largada y recogida de palangre, una prenda para actividades marinas, un virador múltiple de red, una luz flash automática recargable para señalización y balizamiento de artes de pesca, un sistema de retirada de residuos sumergidos y a flote en grandes masas de agua, un dispositivo para la sujeción automática de cebos en anzuelos del palangre…

Las hay también de otros campos del saber, pero las invenciones ligadas al mar y a la industria piscatoria vencen por goleada… No podía ser menos en un puerto que se jacta de ser el líder en descarga de pescado fresco de Europa.

¿Y si escribes «Corrubedo»?

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Un solo resultado

Una patente. No más. Pero qué una.

«Tiro a la diana, con dardo».

Hoy se cumple medio siglo de su inscripción: el sábado 26 de octubre de 1968, mientras Hungría derrotaba a Bulgaria por 4-1 en un violento partido de fútbol que le permitió, tres expulsiones mediante, colgarse la medalla de oro en las Olimpiadas de México.

Su inventor se llama o llamaba Joaquín Zapata Yagües, en algún momento propietario del Bar A Taberna en Aguiño y, según hemos leído, hábil pescador que un día de primavera de 1991 mereció una reseña en el periódico por capturar en el río Ulla un salmón de tres quilos y setecientos noventa y cinco gramos. «No es la primera vez que pillo un ejemplar de este tipo —adujo—, ya que tengo capturado salmones de hasta nueve kilos».

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La Voz de Galicia, a 26 de abril de 1991

Dardos y bares mantienen una relación que viene de lejos. Se dice que, en la Edad Media, los soldados ingleses alardeaban en las tabernas lanzando flechas acortadas al fondo de un barril de vino. Era una forma de demostrar su destreza como aviso a navegantes en el campo de batalla. El juego se acabó despojando de su carácter marcial y aquí, en Corrubedo, existen varios establecimientos donde se puede practicarlo sin más pretensión que la de pasar un buen rato en compañía.

Aunque lo que propuso señor Zapata iba más allá. El otrora hostelero ideó un tinglado formado por diez dianas en hilera, cada una de las cuales cuenta con cuatro círculos concéntricos de colores negro, blanco, encarnado y verde, de dentro afuera. Los lanzadores se sitúan a 2,40 metros y lanzan tres dardos, compuestos de punta aguzada y cola de naipe en un cuerpo cilíndrico. Gana el que obtiene mayor puntuación.

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Un prototipo

Desconocemos si la idea causó fortuna.

Pero aquí la veis, asociada para siempre a nuestro pueblo. Los folios que os estamos mostrando los firmó en Madrid Domingo Díaz Ungría, un agente de la propiedad industrial que, a juzgar por sus circunstancias familiares, parecía predestinado a este oficio.

Su esposa se llamaba Invención Sánchez García.

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