Un café de ollos verdes

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Una mala imagen del rodaje

No lo hemos conseguido, pero existir, existe.

Un café de ollos verdes. Mediometraje de 25 minutos de duración realizado en 1992 bajo la dirección de Antonio F. Simón con un reparto rociado de actores que eran o se harán famosos o, al menos, bastante conocidos.

El filme fue rodado en Corrubedo y en él participaron como extras unos cuarenta vecinos del pueblo, transformado en una aldea africana para la ocasión. Ahí queda eso.

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A cor do ceo, en Xerais

Por no conseguir, ni siquiera hemos logrado una mala carátula de la película, que ya es difícil en la inmensidad de Internet. Nos contentamos con la portada de este libro que publicará siete años después Lino Braxe, el guionista de Un café de ollos verdes, pues parece que uno de sus relatos fue el inspirador de la trama.

Que es la siguiente. Cuatro hombres enamorados de la misma mujer: un borrachín, un poeta, un brigadier y un capitán de la marina mercante. Viven en una colonia africana y la mujer tiene unos alucinantes ojos verdes que desencadenarán una sucesión de muertes entre sus cortejadores. La historia acaba mal.

Decíamos que algunos actores se harán famosos o bastante conocidos, si no lo eran ya. Es el caso del también dramaturgo Roberto Vidal Bolañodon Xosé Luís, en Sempre Xonxa—, a quien se dedicó el Día das Letras Galegas en 2013. Es el caso de Manuel LourenzoMelghacho en Mareas Vivas, Terito en Fariña—. Y es el caso de Tuto Vázquez, riveirense él, el primer don Crisanto en Padre Casares y acuñador de la frase «o que hai que facer para non ir ó mar»: se la decía en tono de jocosa resignación a otro artista de por aquí, Quico Cadaval, cada vez que tenían que vestirse de obispos o de romanos antes de subirse al escenario de un teatro… Algo enmendada y en un contexto muy distinto la popularizó hace unos meses el cantante Iván Ferreiro.

Más nombres… Gonzalo UriarteRamón en La lengua de las mariposas, doctor Soláns en El lapiz del carpintero, Francés en El laberinto del fauno—. Ah, y Francis Lorenzo tres años antes de su mediático papel en Médico de familia haciendo de amigo tarambana de Emilio Aragón.

Pero a nosotros los que más nos interesan son los que —suponemos— no salen en los créditos. Es decir, esos cuarenta vecinos asignados como extras según contaba La Voz de Galicia el 14 de junio de 1992 en un reportaje de Moncho Ares. Cada vez que reclamaban otro figurante se presentaba ipso facto alguien del pueblo. Algunos incluso tenían diálogo.

Sobre la idea de rodar en Corrubedo, esto es lo que dijo el director: «Necesitaba una zona de sabana africana, con dunas del desierto, y aquí la encontré. A continuación acondicionamos el viejo secadero de bacalao e hicimos un café en su interior. También preparamos una calle para darle un cierto aire africano»…

Pues eso. Cuanto más sabemos más sube el termómetro de nuestra curiosidad.

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La empresa que promovió la película se llamaba Sincro Produccións, responsable un año antes de otro mediometraje de título inquietante: Pesquisas: O caso das galiñas aforcadas. Para el nuevo proyecto había conseguido una subvención de la Consellería de Cultura de la Xunta, mas pese a esta —en apariencia— buena señal la Televisión de Galicia ya había advertido que ellos no iban a querer saber nada.

Vaya por dios. Entonces, ¿dónde visionarla?

Pues sobre todo en algún discreto ciclo de cine municipal, si hacemos caso a la hemeroteca. Es así que descubrimos que fue proyectada en Muros en 1995, en A Coruña en 1996, en Ribadeo en 1997, en A Estrada en 2000 y en Vigo en 2008. Desde entonces, nada. Una década de vacío.

Ahora bien, la tenemos localizada. Está en el CGAI: el Centro Galego de Artes da Imaxe, donde el filme se emitió en el año 2000 como complemento a la presentación del libro de Lino Braxe A cor do ceo. Resulta que puede cogerse prestada gratuitamente, pero solo si eres una asociación sin ánimo de lucro o una institución.

Así que… lanzamos el guante. A ver si alguna entidad de Corrubedo lo recoge, se anima y, más pronto que tarde, tenemos la oportunidad de ver todos juntos y en pantalla grande cómo lucía el pueblo hace un cuarto de siglo.

Y cómo hemos envejecido, también.

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