De langostas y hombres

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Situémonos en 1894, el año en que se comercializó por primera vez un tónico embotellado para los problemas de digestión conocido como Coca-Cola.

Detengámonos en la playa de A Frouxeira. O tal vez en la de Portiño. En cualquier caso, en Valdoviño, al norte de Ferrol. Allí fondea una lancha llamada San Antonio y Ánimas. Procede de Corrubedo y su tripulación está compuesta por ocho hombres, siete de los cuales saltan a tierra porque tienen algunas cosas que hacer.

Se ponen a arreglar unas redes. Trabajo rutinario. Al poco, un vecino se acerca. Les dice que están atracando su embarcación. Nuestros paisanos regresan a la carrera y… ¿qué es lo que se encuentran? A diez hombres armados metidos en una segunda lancha. Esta carece de número ni folio. Como quien te roba a punta de pistola desde un coche sin placas.

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Así contó el atraco el diario compostelano Gaceta de Galicia el 31 de mayo de 1894

Langostas. La causa de que los corrubedanos se encontrasen tan al norte era una partida de langostas. Crustáceos criados —suponemos nosotros— en alguno de los viveros que adornaban nuestro cabo en aquella época.

Conducían el género a una plaza de abastos, no sabemos con certeza de qué localidad. Habían fondeado para darles de beber, para mantenerlas vivas. Dejaron a bordo a un muchacho. En esto arremetió la pandilla de facinerosos a que hicimos mención y, aunque el chico trató de repelerlos, poco pudo hacer. Eran diez contra uno. Se llevaron noventa y seis langostas, cuarenta pesetas y dos piezas del barco.

Cuando volvió la tripulación, los malhechores seguían allí. Los insultaron y amenazaron. Nuestros vecinos pidieron ayuda al alcalde de barrio. Pero llegó tarde. Los ladrones ya se habían esfumado.

Suerte que hubo dos testigos procedentes de una aldea cercana. Conocían a los delincuentes. Sabían sus nombres, que enumeraron a las autoridades. Eran de Cedeira. Allí fueron a buscarlos.

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El Correo Gallego, a 13 de junio de 1894

La cosa es seria. Van a ser sometidos a consejo de guerra. El acto será público y ya están formando el tribunal. El patrón del San Antonio (que —casualidad— así se llamaba su barco) será defendido por el teniente Federico Baleato y los marineros por Manuel Jordán, José Martín y Ramón Buyones.

Por otra noticia en la prensa conocemos los cargos a que se enfrentan. Tres años, ocho meses y un día de cárcel, más doscientos cincuenta pesetas de indemnización. Lo dicho. Cosa seria.

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El Correo Gallego, a 14 de junio de 1894

Agosto. El consejo de guerra está visto para sentencia. El juicio se celebró en Ferrol bajo la presidencia de Manuel Mozo y Díaz Robles, capitán de navío de primera clase. Pocos años más tarde, este hombre dará un salto estratosférico en el escalafón militar para convertirse en el mismísimo jefe del Estado Mayor de Marina. Pero aún no. Ahora tiene que decidir los destinos de los diez acusados, tantos como patas en una langosta.

Sabemos sus nombres. Antonio Franco Piñeiro, Nicolás López Álvarez, Andrés Leira Rey, Salvador Leira Rey, Antonio Suárez Galdo, José María Amor Vázquez, Gerardo Rodríguez Caruncho, Vicente García Díaz, José Rodríguez Iglesias y Manuel Orjales Rodríguez.

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La Voz de Galicia, a 9 de agosto de 2018

Hemos de esperar a la primavera siguiente para conocer el fallo.

Hay siete condenados. Son Antonio Franco Piñeiro, José María Amor Vázquez, Antonio Suárez Galdo, Salvador Leira Rey, Nicolás López Álvarez, Gerardo Rodríguez Caruncho y Andrés Leira Rey.

Les aguardan tres años, ocho meses y un día en prisión. Los cinco primeros serán recluidos en la cárcel de Valladolid. Los dos últimos, en la de Alcalá.

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El Anunciador, a 25 de mayo de 1895

Y hasta aquí.

De los malhechores solo sabemos que al menos uno de ellos volverá a reincidir. Será acusado en 1900 de robar 925 pesetas de plata en la vivienda de un carpintero de Valdoviño. Lo acompañaba en el allanamiento su hijo de 19 años.

Del San Antonio y Ánimas también sabemos un par de cosas. Una ya la contamos en el relato «El nombre de los héroes».  La otra la dejamos para otra ocasión: hoy es Corpus y no queremos ponernos a recordar cosas tan tristes.

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