El bote misterioso (contorno de una incógnita)

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Corrubedo. 10 de febrero de 1887. Cae la tarde de un día invernal, un jueves de viento, cuando un bote desconocido se acerca hasta el pueblo. La embarcación, de pequeñas dimensiones, fondea frente a la fábrica de Manuel Fernández, quien al divisar aquella nave extraña deduce que lleva a los supervivientes de algún hundimiento cercano.

Encuentros como este debían de ser en aquellos tiempos algo habitual. Los siniestros marítimos estaban a la orden del día y no era nada raro ver náufragos y cadáveres llegando a nuestras costas: los primeros para ser salvados y los segundos para ser enterrados en tumbas sin nombre.

Haciendo gala de una humanidad que desentona con ciertas insidias y leyendas negras, el industrial envía una embarcación hasta el lugar en que se halla la nave para prestar auxilio a aquellos desamparados.

Pero lo que van a recibir a cambio de aquel gesto fraterno es… cómo expresarlo… desconcertante.

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El autor de la noticia en un retrato de 1917

La noticia que os estamos contando apareció el 11 de febrero de 1887 en el periódico compostelano Gaceta de Galicia y lleva la firma de José Martínez Fernández. En aquel entonces no era más que un joven de veintitantos años pero cinco meses más tarde iba a iniciar una etapa por la que se iba a convertir, en palabras del investigador Daniel Bravo Cores, en «el Alcalde más importante de la Historia de Riveira, el único que ha tenido el tratamiento de “Ilustrísimo Señor” a título personal y el que mayor prestigio alcanzó en vida entre sus ciudadanos».

Así lo escribe en su libro Riveira, Alcaldes para un siglo (1860-1975). Martínez Fernández ganó nueve veces —cifra récord— las elecciones municipales y su primer mandato comenzó el 1 de julio de 1887. A él hay que responsabilizar de la construcción de la hermosa Casa Consistorial de estilo indiano que, incomprensiblemente, fue remplazada en los años setenta del siglo pasado por el mamotreto que hay ahora. También de la primera lonja de subasta de pescado, de los cementerios municipales de Santa Eugenia y Palmeira y de la antigua fuente del león de Padín.

Él tenía el bastón de mando cuando, en 1906, Alfonso XIII concedió a Riveira el título de Ciudad. Y si nos atenemos a lo que hizo por Corrubedo, él ordenó la apertura de la carretera que va de aquí a Olveira, la fuente de la rúa da Fonte y la traída de aguas desde un manantial en Xuño, detonante —suponemos— de que a día de hoy el pueblo cuente con su propia línea de suministro y no dependa de la red municipal (bueno… menos en verano).

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Ay dios…

Pero como dijimos todo esto estaba aún por llegar. En nuestra historia, era un joven riveirense que decidió escribir una carta al director de Gaceta de Galicia, Manuel Bibiano Fernández, refiriéndole el llamativo acontecimiento que hemos empezado a narrar.

Y que seguimos:

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El texto completo

Así que, en lugar de querer ayuda, los desconocidos se limitaron a entregar un papel con algo escrito en inglés. ¿La intención? «Sin duda para que se publicase —aventura el futuro alcalde—, pues por la figura y condiciones de la embarcación y las circunstancias de fondear, recoger velas [el texto dice «recorrer veloz» pero tiene pinta de ser un error de transcripción] y dejarse estar tranquilamente en un sitio de tanto peligro como es la costa de Corrubedo, se deduce que son marinos ingleses que por una apuesta o extravagancia andan desafiando a los elementos».

Y luego se reproduce el contenido del papel:

«BOAT HOMEWARD BOUND
CAPT INGVALD NILSEN
FROM PORT NATAL
SOUTH AFRICA TO
LONDON
ENGLISH»

Y se traduce:

«Bote en viaje de regreso
Capitán Ingvld Nilsen
desde Puerto Natal
Sud Africa á
Londres
(Inglés)»

Bien… Podemos imaginar la reacción de los lectores de aquel tiempo a la vista del texto. Podemos deducir,  sin temor a equivocarnos, que lo tuvieron que considerar una especie de broma o una fanfarronada… la ocurrencia de algún británico ocioso que se plantó con su bote en unos de los cabos más peligrosos de Europa y soltó una fake new versión siglo XIX para pasar un buen rato a costa de los desharrapados españoles.

El artículo tuvo su notoriedad, pues en los días siguientes fue replicado en algún diario gallego. Por ejemplo, en el vilagarciano El Eco Comercial:

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El 15 de febrero

O en el [por entonces] ferrolano El Correo Gallego, que tras copiar la carta de José Martínez Fernández escribe: «No deja de ser curioso este sucedido, por los misteriosos detalles que le rodean»:

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El 18 de febrero

Sin embargo la noticia concluye en lo que se lee. Es flor de un día. No hubo más capítulos que desentrañasen el enigma de aquel inquietante encuentro. ¿Quiénes iban a bordo de aquel bote y por qué?

Tal vez espoleados por la suerte de haber logrado averiguar la identidad del yate fantasma que trajimos aquí ni hace dos meses, nosotros nos pusimos a investigarlo. Eso sí, con poca o ninguna esperanza puesto que no es lo mismo buscar algo sucedido en el año 1999, donde Internet estaba empezando a ser ese pozo sin fondo que es ahora, que en 1887.

Nos agarramos al único dato que parecía prometedor: el nombre del supuesto capitán, ese tal Ingvald Nilsen que a inglés suena poco. Tal como imaginábamos, no logramos resultados en la prensa española, así que nos decidimos por indagar en hemerotecas y archivos digitales de otros países del mundo.

Y ya estábamos cerca de darlo por imposible y asumir que, salvo que otros tuviesen mejor fortuna, la incógnita de aquel suceso siempre quedaría anclada a la eternidad, cuando…

Lo encontramos.

Sí. Encontramos al jodido cabrón. Y a partir de este hallazgo desenredamos la sarta de despropósitos que componen su historia y la de quienes le acompañaban… Y a medida que los íbamos traduciendo nuestros ojos se fueron engrandeciendo cada vez más y nuestra boca se fue boquiabriendo hasta doler la mandíbula y nos debatimos entre el estupor, la incredulidad, la chufla y la admiración… un caldo de sensaciones muy similar al que saborearon quienes conocieron esta aventura en la sociedad de su tiempo.

Que no debieron de ser pocos, ya que fue recogida en un libro de 133 páginas… Hoy está olvidado y no hemos conseguido acceder a él, pero tenemos buenos motivos para creer que el volumen omitió un dato significativo: que nunca supo que había dado con su nave en Corrubedo el quijotesco capitán *.

Preparaos para el viaje más bizarro que seguramente vayamos a relatar, dure lo que dure este blog…

Va a ser largo. Empezamos el próximo sábado.

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Y no: quienes iban en esta cáscara de nuez no eran hijos de la Gran Bretaña

* Estábamos equivocados…

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