La ruta del ron

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Este post continúa el de la semana pasada, que titulamos «El yate fantasma»

ANTES

No. No es el misterioso yate sin tripulantes localizado cerca de Corrubedo un día de Nochebuena, perdido unas horas después, reencontrado en Estaca de Bares y remolcado al puerto de O Vicedo que protagonizó nuestro último post. Sin embargo, hemos querido traer aquí esta imagen por dos motivos.

Primero, porque el trimarán que dejamos pudriéndose en la Mariña lucense era igual al de la foto. Observándola os podéis hacer una impresión acertada de cómo se mostraba un multicasco de este pelaje en plenitud de facultades. Bonito, ¿verdad? Se llama Olympus Photo y fue construido en Maine, al noreste de los Estados Unidos, por un tal Walter Greene, un verdadero orfebre que tuvo la genialidad de aplicar sus conocimientos en aeronáutica para lograr una embarcación más ligera y rígida que cuanto había hasta entonces. Por cierto, cuando afirmamos que eran iguales no estamos hablando de comparar dos Mercedes clase S o dos iPhone X. Qué va. Esto es más exclusivo. Solo se hicieron cinco.

La segunda razón apunta al marco. La instantánea fue tomada en 1978 durante la edición inaugural de una regata que se ha vuelto mítica. Route du Rhum. «Ruta del Ron». Se celebra cada cuatro años y en ella los participantes deben cubrir en solitario y sin asistencia 3.568 millas cruzando el Atlántico. «El Everest de los navegantes», la calificó alguien que os vamos a presentar siete párrafos más abajo. El tipo que aparece medio de espaldas, un canadiense llamado Mike Birch, fue su primer ganador, invirtiendo un tiempo de 23 días, 6 horas, 58 minutos y 35 segundos e imponiéndose contra todo pronóstico y en los metros finales al enorme monocasco de Michael Malinowski por 98 segundos. Fue una auténtica machada —como si Tatsuki Suzuki ganase en la última curva con su cabalgadura de Moto3 un gran premio de MotoGP—, lo que le ha reservado de por vida un billete en el tren al que se suben las leyendas.

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Ahora sí

Ahora sí. Ahora estamos ante el misterioso yate sin tripulantes localizado cerca de Corrubedo un día de Nochebuena, perdido unas horas después, reencontrado en Estaca de Bares y remolcado al puerto de O Vicedo, donde estuvo dejado de la mano de dios durante al menos los siguientes once meses hasta que la prensa se desatendió de él.

Fue el segundo de los cuatro trimaranes construidos por Walter Greene a partir de los planos del Olympus Photo. La primera réplica fue el Friends & Lovers. Después vino el Chaussettes Kindy por encargo de un norteamericano llamado Spencer Metz. Más tarde llegaría el Friends y por último el Humdinger. Punto. Medían 11,3 metros de largo por 8,5 de ancho y poseían una superficie de 73 metros cuadrados.

Un inciso. Sobre estos cinco nombres planea un sexto que a veces parece englobarlos a todos y a veces se enrosca ora en el mástil de uno ora en el de otro, entremezclándose además con una sucesión incesante de cambios de identidad que nos aturde y nos despista y nos hace volver atrás a revisar nuestros pasos [la situación más parecida que nos hemos topado fue cuando intentamos explicar el galimatías de His Master Voice en el post titulado «La cara B del himno gallego»]. Ese nombre omnipresente es A Capella. Quedaos con él.

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Birch y Malinowski, codo a codo (o proa a proa) tras 23 días de travesía

Al igual que Bruce Springsteen, los trimaranes de Walter Green habían nacido para correr. El Chaussettes Kindy [«Calcetines Kindy»] lo hace a partir de 1981, cuando disputa la primera edición de la hoy prestigiosa TwoSTAR, una regata que se celebra cada cuatro años entre Plymouth (Inglaterra) y Newport (Estados Unidos). El trimarán gana en la clase IV y finaliza décimo tercero de la clasificación general con un equipo formado por la dupla francesa Philippe Poupon y Charlie Capelle y un registro de 17 días, 21 horas y 30 minutos.

Al año siguiente, disputa como Télégramme de Brest la segunda Route du Rhum con el galo Yves Le Cornec al timón, quien detiene el reloj en un tiempo de 19 días, 18 horas y 57 minutos. Le Cornec —él lanzó la idea de premiar a quienes dan la vuelta al mundo a vela en menos tiempo: el Trofeo Julio Verne— concluye en la undécima posición de la general a un día, 17 horas y 19 minutos de su compatriota Marc Pajot, el primero en cruzar la meta de una regata que —aún no lo hemos dicho— arranca en Saint-Malo, en la Bretaña francesa, y acaba en Pointe-à-Pitre, en la antillana Guadalupe. En otras palabras, se inicia en una ciudad famosa por ser cuna de corsarios y remata en un antiguo refugio de piratas… Muy apropiado lo de Ruta del Ron. Lo inventó un publicista.

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Preciosa imagen aérea de la Route du Rhum de 1982 tomada por Jean-Jacques Bernard

Llega 1983 y surge el primer contratiempo. Durante una excursión con fotógrafos, el trimarán, que ahora se hace llamar Façonnable, se estampa contra el faro de Pierres Noires, en la Finistère de la Bretaña francesa. Le Cornec y los reporteros gráficos son rescatados pero la embarcación se rompe cuando la están remolcando a Brest. Sus restos van a parar a la playa du Fret, un arenal de la región. Transcurridos dos años, un aficionado los compra a la casa aseguradora de Spencer Mertz. Tras cumplimentar la adquisición llama a un amigo y le dice: «Charlie, tengo un regalo para ti»

Ese Charlie es Charlie Capelle, el héroe de esta historia.

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El hombre que se esconde tras el signo de interrogación

Charlie Capelle iba para protésico dental pero el servicio militar se le cruzó en el camino. Este piscis nacido en 1955 en la montañosa región de los Vosgos fue enviado a cumplir su deber con la patria a la Polinesia francesa y allí florece su romance con la navegación. Devora multitud de libros sobre el tema y, al regresar a Europa en 1980, traba contacto con el fotógrafo Christian Février, un experto en historia de la náutica deportiva que le facilita referencias de unos cuantos arquitectos navales estadounidenses que están rompiendo esquemas en este sector. Él les escribe pero no le responden. Charlie porfía. Averigua que muchos yates del otro lado del océano paran en Deauville, en Normandía. Viaja hasta allí y queda fascinado ante la contemplación de un pequeño trimarán rojo. Su nombre: Friends & Lovers, el primero de los cuatro navíos fabricados —esculpidos, deberíamos decir— sobre el molde del Olympus Photo. A bordo se encuentra un neozelandés llamado Phil Stegall y su esposa. Están amarrando el barco y guardando las velas. Él se ofrece a echarles una mano y recibe algo más: recibe una invitación a acompañarlos en un paseo hasta Inglaterra. Acabada la excursión, Stegall le desliza un sobre en el bolsillo. Lo abre en el ferry de regreso a Francia y descubre un billete de avión para los Estados Unidos junto a una nota: «Venga a saludarme si no tiene que hacer». Dicho y hecho. Vuela a Massachusetts donde pasa el verano y sube hasta Maine: hasta el astillero de Walter Greene, que lo hace su aprendiz. Junto a él trabaja en la finalización de un trimarán llamado Acapella [todo junto], encargo de un ciudadano norteamericano que por haches o por bes va a parar a las manos de Philippe Poupon, quien compite en la TwoSTAR y contrata a Capelle como acompañante. Obvia decir que a esas alturas el velero se llama Chaussettes Kindy. Y obvia decir también que la carrera como protésico dental del galo es, nunca mejor dicho, agua pasada.

De vuelta a su país monta un astillero, Technologie Marine, en La Trinité-sur-Mer, una pequeña e idílica población de la Bretaña francesa. Allí trasladará lo que queda del barco defenestrado después de repararlo parcialmente en la playa du Fret y remolcarlo asistido por una especie de armazón flotante. Empleará siete años en resucitarlo: más de 5.000 horas de paciente trabajo en días festivos y fines de semana, dedicando el tiempo libre que le dejan contratas como la construcción del Laiterie Saint-Michel o el Fujicolor, este último para Mike Birch. Rebautiza el trimarán como «A Capella» [separado] y le introduce ciertas modificaciones como unos cascos laterales más largos diseñados por el arquitecto británico Nigel Irens. Así llegamos a 1998, año en que se propone disputar con su remozado yate una de las pruebas más exigentes que existen: la Ruta del Ron.

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«Charlie Capelle: A Capella. Un constructor en la carrera»

Casado, 43 años, padre de tres hijos. Charlie llega a la una y media de la mañana del sábado 17 de octubre a Saint-Malo y enseguida despierta la curiosidad de los periodistas, que hacen cola para entrevistar al patrón de uno de los hermanos gemelos de la mítica embarcación que había dado la campanada en la primera edición hace ahora justo 20 años. Amable, explica los avatares padecidos por el buque, insiste hasta la saciedad que lo de Capelle/Capella es pura coincidencia y, preguntado por sus opciones en la carrera, declara que pese a su corta experiencia en las competiciones transoceánicas confía en ganar en la clase III invirtiendo entre 18 y 20 días en alcanzar Pointe-à-Pitre.

El domingo 8 de noviembre comienza la regata. Un total de 32 hombres y tres mujeres, todos dignos herederos de Vito Dumas, el más grande navegante solitario, zarpan del puerto de la pequeña urbe amurallada, apodada «la ciudad corsaria», cuyos habitantes eran tan díscolos y desafectos a cualquier estamento superior que tuvieron los c****** de adelantarse a Puigdemont y proclamarse república independiente entre 1490 y 1493 con un lema: «ni français, ni breton, malouin suis»… «ni franceses ni bretones, somos malvinos» [sí: las islas que inspiraron el gol más maravilloso de todos los tiempos deben su nombre a esta población]. En los veleros camino de Guadalupe, figuras que son o se harán leyenda como Mike Birch, Ellen MacArthur, Laurent Bourgnon, Catherine Chabaud o Loïck Peyron.

Por cierto, nuestro trimarán muda una vez más de identidad. Pasa a llamarse Chaussettes Olympia [«Calcetines Olympia»]… ¿Os suena? Invertir los términos de aquel «Olympia Chaussettes» al que aludía el reportaje de La Voz de Galicia fue el cabo de hilo del que tirando tirando nos llevó a desmadejar esta historia.

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Celebrando el triunfo

La sexta Route du Rhum se la lleva este hombre, Laurent Bourgnon, con un tiempo de 12 días, 8 horas, 41 minutos y 6 segundos, convirtiéndose en la primera—y hasta la fecha única— persona en lograr dos veces la victoria, pues ya había ganado la edición anterior, ambas con el mismo barco, el Primagaz. En la cita nace una estrella: la británica Ellen MacArthur, quien con solo 22 años se impone en la clase II poniendo una muesca en el casco de su embarcación a la que luego le acompañarán otras muchas.

Capelle también está satisfecho. Concluye segundo de la clase III —vigésimo en la general— en 22 días, 4 horas, 15 minutos y 6 segundos, justo por delante del Friends & Lovers patroneado por Pierre Antoine.

Finalizada la experiencia, confía el barco a dos amigos regatistas, Claude Bistoquet y François Forestier, para que disputen en el siguiente marzo la Transcaraïbe des Passionnés, una carrera de Martinica a Cuba en la que terminan terceros en la categoría multicascos. A continuación emprenden viaje de regreso a Europa con rumbo al puerto base de La Trinité-sur-Mer.

Y pasa esto.

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La desaparición

El 5 de abril a las doce y veintisiete del mediodía según la hora UTC, la Cross Etel [institución similar a nuestro Salvamento Marítimo] recibe una señal de socorro procedente del trimarán A Capella, que se halla a 400 millas al sur de Terranova en medio de un violentísimo temporal con vientos superiores a los 110 kilómetros por hora y olas de entre 13 y 14 metros. Se pone en marcha un dispositivo de rescate en el que participan aviones guardacostas de Canadá y Estados Unidos, un navío de guerra atracado en Halifax y un helicóptero que estaba trabajando en una plataforma petrolífera. Las condiciones de la operación son dificilísimas pero logran cumplir con éxito la misión y todo queda en un buen susto. Bistoquet y Forestier son transportados sanos y salvos a la isla Sable.

¿Y el trimarán? Queda a merced de las descomunales olas y desaparece en la tormenta perfecta. Todos lo dan por perdido. Todos, incluyendo Charlie Capelle. Nadie en sus cabales se podía imaginar que ocho meses y diecinueve días después, en la Nochebuena de 1999, alguien lo volvería a ver a 4.000 kilómetros de allí, surcando el océano como un barco fantasma cerca de un cabo de Galicia que se llama Corrubedo.

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[Algunas fuentes consultadas: «Télégramme de Brest» (Histoire des Halfs), «TwoSTAR 1981» (Royal Western Yacht Club of England), «A Capella» (Patrimoine Maritime et Fluvial), «Retour vers le passé» (Voiles et Voiliers), «Les Histoires d’Amour de L’Capella» (Course Au Large, octubre de 2014), «Sur le Rhum, Capelle soigne son petit jaune» (Liberation, 5 de noviembre de 2014)]

 [Nota: el domingo pasado dijimos que hoy contaríamos lo que ocurrió antes y después, pero el trajín de la Navidad nos ha comido mucho tiempo así que para el desenlace habrá que esperar a la semana que viene. El punto de partida: un mail.]

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