Hércules y los nudillos de Astérix

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Aunque Zagorakis doble la rodilla ante Zidane, al final vencieron los griegos

25 de junio de 2004. Estadio José Alvalade de Lisboa. La Francia de Zinedine Zidane se bate en duelo con la modesta Grecia en los cuartos de final de una Eurocopa en que los bleus defienden título. El desenlace: los helenos ganan 0-1 con gol de Angelos Charisteas en el minuto 66. El planeta se frota los ojos ante la inesperada derrota de la más grandiosa generación de futbolistas que nunca había dado la nación gala. Los campeones del mundo en 1998 y del continente en 2000 acaban de hincar la rodilla ante un conjunto de semidesconocidos, reviviéndose por enésima vez la fábula de David y Goliat.

Aquel partido (nueve días después los griegos consumarían la machada coronándose en la final ante la selección anfitriona de FigoCristiano Ronaldo) se nos vino a la cabeza al ir conociendo los pormenores del suceso que os traemos hoy… Sí. Es cierto. Nuestra especialidad son los naufragios y los peligros del mar, que nada tienen que ver con el fútbol [salvo en cierta antigua historia francamente alucinante que combina las dos cosas y nos reservamos para otra ocasión]. Pero lo que sucedió por aquí en el año 1901 rezuma un vago parecido con aquel choque grecogalo. Eso sí: con los papeles cambiados.

Nos explicamos. Tal día como hoy, 21 de agosto, tuvo lugar una colisión de dos cargueros a 21 millas al oeste de Corrubedo. Uno era nuevo, grandote, potente, de acero, capaz de desplazar más de 2.000 toneladas. Tenía nacionalidad griega y se llamaba Emmanuel. El otro canijo, viejo, lento, de hierro y con un arqueo de registro bruto que apenas sobrepasaba las 500 toneladas. El francés Constantin.

Y, por increíble que parezca, el fornido buque heleno se hundió ante el embiste del galo cual un Hércules noqueado por los nudillos de Astérix.

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La espectacular isla de Syros, sede del Emmanuel, hacia la época de esta historia

Primero, las presentaciones.

El SS Emmanuel. Carguero de 85,5 metros de eslora por 11,5 de manga con un arqueo de 2.332 toneladas y una potencia de 215 caballos de vapor. Había sido construido en 1891 en los astilleros de William Gray & Co. en West Hartlepool, nombres que a alguno tal vez le suenen pues de allí también procedían otros dos barcos con protagonismo en este blog: el infausto Coningsby y el War Apricot, luego rebautizado como Cabo Oropesa. La empresa armadora del barco griego se llamaba Tsiropinas C.A. & Sons, con sede en Syros, capital de las idílicas islas Cícladas. Hasta 1900 perteneció a la firma Crissoveloni Bros, de la misma localidad insular, bajo el nombre de SS Adelphi Crissoveloni.

Compárense las cifras del anterior párrafo con las del SS Constantin. 59,2 metros de eslora por 7,1 de manga. 542 toneladas. Unos anémicos 63 caballos de vapor. Fue botado en 1870 por la compañía Scotts Shipbuilding and Engineering Co., radicada en Greenock, al oeste de Escocia. Tras pasar por las manos de dos casas armadoras pertenecía en el momento del suceso a la Compagnie Havraise de Navigation, ubicada en Le Havre.

Los hechos… Aquel miércoles 21 de agosto de 1901 a las cuatro de la madrugada y con densa niebla cubriendo el cielo nocturno, el Constantin embistió de través al Emmanuel por el tercio de popa. Venía el primero de Málaga con destino a Le Havre conduciendo carga general, mientras que el segundo había zarpado del puerto galés de Cardiff rumbo al mar Negro con transporte de carbón.

El choque fue tan violento que la proa del navío francés se introdujo en la bodega y la cámara del de Syros, abriéndole un enorme boquete por el costado de babor. Los dos capitanes, que se hallaban en ese momento en sus respectivos puentes, comprendieron al momento la gravedad de la situación y procedieron a dar instrucciones para iniciar el salvamento.

Arriaron botes uno y otro, y cuando los del Constantin, que apenas había sufrido daños por causa del impacto (algún destrozo en la proa cerca de la línea de flotación, nada más), se allegaban al Emmanuel para prestar auxilio ya los ocupantes de este se hallaban embarcados en tres canoas que navegaban en dirección al buque francés. Algunos, no todos, habían tenido tiempo incluso de recoger sus equipajes, y también pudieron llevarse los papeles del barco.

Hora y media más tarde ocurrió lo inevitable. El reluciente vapor de acero se fue al fondo tras diez años de servicio ante las miradas de impotencia procedentes de la cubierta del Constantin. Por fortuna, todos los seres vivos que iban en él se habían podido salvar: 21 tripulantes, cinco pasajeros, un perro de lanas negro y un loro enjaulado.

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El madrileño El Imparcial cuenta el suceso en primera página

El Constantin llegó al puerto de Vigo hacia las cuatro y media de la tarde del propio miércoles, razón por la cual los diarios ya pudieron publicar la noticia al día siguiente. Los náufragos fueron enviados a tierra metidos en sus tres canoas, que también habían sido izadas al vapor galo. En un primer momento solo pisó la ciudad el capitán, Nicolás Filinis, mientras el resto permanecía en los botes amarrados a una escalerilla del muelle del comercio. Nada más bajar, el oficial preguntó por el cónsul de Grecia y fue remitido al domicilio de un tal Antonio Conde, representante del país de Homero en la ciudad.

Con lágrimas en los ojos, Filinis —que al parecer era italiano, hablaba francés y chapurreaba el castellano— le relató a Conde los percances del siniestro. Sus lamentos no debieron de caer en saco roto pues el cónsul dio orden de alojar a los desamparados en distintas casas de huéspedes de la localidad.

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Por Gaceta de Galicia conocemos muchos datos del abordaje

Un periodista de La Concordia, diario vigués [la noticia que veis reproducida arriba en el compostelano Gaceta de Galicia no es más que una réplica de lo que dispuso aquel, que no tenemos] logra intercambiar unas palabras con el capitán Filinis, quien le refiere más datos. Por ejemplo, que la travesía se había desarrollado sin contratiempos desde la salida de Cardiff el anterior domingo hasta la madrugada en cuestión. Era tan densa la niebla esa noche que los del carguero no podían ver nada, lo que obligó a extremar las garantías de seguridad haciendo sonar la sirena cada cuatro minutos. De repente, el capitán oyó el sonido de otro silbato muy próximo. Y enseguida otro. El capitán ordenó virar a estribor pero ya era demasiado tarde porque el Constantin estaba encima y no se pudo evitar el abordaje.

También sabemos por esta conversación que una vez los náufragos estuvieron sanos y salvos en el navío francés, Filinis envió un bote con cuatro marineros y el piloto otra vez al Emmanuel para que reconocieran el barco y evaluaran la situación. No había nada que hacer y, media hora después del regreso de los expedicionarios, el vapor galo desapareció por completo.

El redactor de La Concordia no se explicaba cómo un barco chico y viejo pudo tumbar al otro. Sus pesquisas le llevaron a un capitán de un mercante anclado en el puerto vigués, quien al conocer los detalles opinó que era «un caso muy raro, y que solo tenía explicación por haber sido el encontronazo de través e ir bastante descargado el Constantin y, en cambio, completamente metido en el agua el Emmanuel por llevar el máximo de carga». Y añade el texto: «Solo así se comprende que un buque antiguo y pequeño, como el francés, hubiera partido por la mitad al otro, que era de reciente construcción y tanto lo superaba en tonelaje».

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Los náufragos marchan a casa

Por este breve del matutino El Globo sabemos que el sábado 24 los náufragos marcharon de Vigo a Valencia, donde estaba previsto que embarcasen de vuelta a Grecia… Y aquí deberíamos despedirnos de ellos, pero no.

No. Porque los encontramos por última vez en un lugar insospechado: el tarraconense Diario de Reus.

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La última peripecia de los navegantes del Emmanuel

Y lo que explica este periódico tiene su aquel. La noticia es del 28 de agosto y en ella leemos que el martes los náufragos del Emmanuel habían llegado a la antigua Estación del Norte de Madrid trayendo entre todos por única cantidad ¡quince pesetas! [cursivas y signos de exclamación aparecen en el propio texto]. Enterado el gobernador de su desdichada situación, ordenó que les dieran de comer a su cuenta, pero ya se había ocupado un tal señor Luque, alto cargo en la empresa que gestionaba la instalación ferroviaria.

En vista de ello, el mandatario acordó sufragar todos los gastos que ocasionasen hasta su salida a Valencia, que habría de tener lugar en la noche del propio miércoles 28. Un noble gesto humanitario por parte del gobernador civil de Madrid que, si no estamos errados, era el cordobés Antonio Barroso y Castillo.

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Gracias, Barroso

Y ahora sí: decimos adiós a los ocupantes del Emmanuel.

Pero no acabamos. Porque el 9 de noviembre de 1910, yendo de Argel a Dellys con carga general, el Constantin colisionó con otro barco llamado Aurore a unas millas al oeste de Bujía en la costa de Argelia, la tierra de los padres de Zinedine Zidane.

Esta vez no hubo suerte y nuestro pequeño bastardo fue al fondo sin remisión… Se le habría agotado la poción mágica.

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El Constantin no pudo superar su choque con el Aurore
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