Historia de una foto

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Una imagen que esconde algunas cosas que contar

¿La conocéis?

Es una de las fotos antiguas de Corrubedo que más recurrentemente aparecen por ahí cuando a algún vecino le asalta un rapto de nostalgia y se anima a compartir instantáneas de un pasado que la mayoría de los que respiramos nunca hemos visto.

La viva estampa del costumbrismo. Lanchas varadas en la arena de playa, la silueta de un niño (¿niña?) destacando en el tercio inferior derecha del encuadre, otras personas más al fondo, una casa de planta baja con chimenea, un saliente de piedra que se adentra en el mar, otra punta en la lejanía.

La hemos visto muchas veces… Y quiso la providencia que hayamos averiguado el nombre de su autor y las circunstancias que explican su difusión. A eso vamos a dedicar el post de hoy martes, Día de Galicia o de la Patria Gallega. Pues, fuese casualidad o no, la foto fue publicada por primera vez un 25 de julio.

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…de 1929

En el madrileño Heraldo Deportivo. Así se llamaba la revista decenal (salía los días 5, 15 y 25 de cada mes) fundada en 1915 por Ricardo Ruiz Ferry, un periodista especializado en automovilismo y aviación que llegó a ser miembro de aquel renovado Comité Olímpico Español que, superada la Primera Guerra Mundial, se encargó de coordinar la participación patria en los Juegos de Amberes de 1920 [aquí hay una intrahistoria del carajo en la que poco faltó para que Cataluña acudiese como nacionalidad independiente, influencers como el propio Ferry abogaban por no ir en la convicción de que íbamos a hacer el ridículo y, al final, nos llevamos dos medallas de plata: una en polo y la otra en fútbol con una selección que mereció por parte de la prensa un calificativo que hizo fortuna, traído a colación de cuando soldados de los tercios arrasaron la citada ciudad flamenca en 1576: furia española].

La captura de Corrubedo apareció en el número 511, correspondiente al 25 de julio de 1929, en el marco de un amplio reportaje sobre las rías de Muros y Noia firmado por un tal marqués de Santa María del Villar.

¿Y quién era este tipo? Pues Diego Quiroga y Losada, nacido en Madrid el 18 de agosto de 1880 y que desde muy temprana edad comenzó a interesarse por los arcanos de la fotografía. Quiroga era amigo personal de Alfonso XIII, quien le llegó a designar mayordomo de semana, lo que le confería la oportunidad de retratar al monarca en cacerías, regatas, carreras automovilísticas y demás saraos de la gente guapa.

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El señor marqués

No es esta sin embargo la faceta que más nos interesa, ya que el aristócrata se convirtió también en celoso promotor del turismo en España, persuadido de que aquí había buenos mimbres para que disfrutase de su pecunio el ocioso viajero.

El hombre se pateó el mapa múltiples veces de abajo arriba y de arriba abajo no dejando prácticamente rincón sin inmortalizar. Se dice que en su laboratorio de la calle Segovia llegó a almacenar 120.000 negativos sacados entre 1900 y 1936 (de los cuales alrededor de 76.000 se perdieron en el saqueo que sufrió durante la Guerra Civil). Y además, alentó la construcción del primer parador nacional —en Gredos, Alicante— e incluso fue nombrado en 1927 presidente del recién creado Patronato Nacional de Turismo, cargo que declinó aceptar.

A grandes trazos, este es el fulano que en un día indeterminado pero que suponemos no muy anterior a aquel jueves 25 de julio de 1929 llegó con su cámara a Corrubedo: una Contessa Nettel de 9×12 centímetros, armatroste importante tal como podéis observar en la imagen inferior. Contemplarla en acción debía de ser para el lugareño una experiencia similar a si hoy vemos circular uno de esos coches de Tesla que conducen solos (aún estamos esperando ver pasar el primero por delante del bar).

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Una cámara similar a la que utilizó Diego Quiroga

O muy equivocados estamos o el marqués se tuvo que encaramar en las piedras de Os Casqueiros y mantener un meritorio equilibrio para tomar la foto de lo que, salvo que un golpe de calor nos haya nublado la vista, identificamos con certeza como la playa de A Robeira (incluso no es difícil distinguir la planta de salazón que hoy ocupa el Benboa). No había traza del puerto actual. Solo rocas y arena. Flaco refugio para los pescadores locales. Y es que para la construcción del muelle hubo que esperar algunos años más, hasta principios de la siguiente década.

Y aquí la tenéis:

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La segunda de la segunda fila, foto inmortal

Justo al volver la portada de Heraldo Deportivo nos topamos con la página donde el lector ilustrado (a precios de 8, 9 o 15 pesetas por semestre dependiendo de si el señor o señora era de Madrid, de provincias o del extranjero… 15, 16 y 25 pesetas si la suscripción era anual… viva el marketing) pudo recrear los ojos en nuestro pueblo, amén de observar imágenes de otras localidades: Santa Uxía de Riveira, Noia y Padrón. Nos gusta el pie de foto: «Corrubedo el temido…».

Corto pero contundente. Si bien en el texto del reportaje el marqués se aviene a explicar la razón del adjetivo: «La ría es de la mayor belleza, y nos presenta poblados tan pintorescos como Santiago de Tal; Puente de D. Alonso, sobre el citado río Tambre; Miñortos, Son y otros muchos, hasta la punta de Corrubedo, el lugar tan temido por sus bajos, y donde más de un barco se quedó sepultado, no en días de temporal ni en galernazos, sino en esos días serenos, en que las aguas están plácidas, bella mar; pero que sobreviene la bretema (niebla) y con ella la desorientación y el accidente».

Más allá de esta alusión vale bastante la pena ojear las impresiones dejadas por el autor sobre la ría de Muros y Noia (Naya, la denomina insistentemente). Quiroga no escatima alabanzas a la hermosura del paisaje, con acantilados y pinares que llegan hasta la playa, y se deshace en elogios hacia las diversas poblaciones que se levantan en la comarca y las vistas inolvidables que se divisan.

Tal vez esto acentúa el impacto de un final que llega como un contrapunto seco, como un ajuste de cuentas de la llana realidad. Porque tras tanta palabra idílica nos estampa las molestias a las que se deberá enfrentar el excursionista: los exorbitantes precios del ferrocarril entre Madrid y Galicia (177 pesetas, «y eso que tienen descuento La Coruña y Vigo»), los «habitantes nocturnos de las fondas del camino» (bichería varia, se entiende), los frecuentes pinchazos ante el deficiente estado de las carreteras («sin líquido contra pinchazos no se puede andar por Galicia») o la impunidad con que los autocares de línea se pasan por el arco del triunfo los límites de velocidad (Quiroga no daba crédito a que un autobús fuese capaz de recorrer 155 kilómetros en tres horas «por aquellos caminos de curvas y pendientes»… hemos segregado sudor frío en situaciones parecidas).

El marqués nos brinda su conclusión: «Para fomentar el turismo, lo primero, hospedajes; lo segundo, buenos medios de transporte y comunicación; y lo tercero, vigilancia en las carreteras y sus servicios. Después vendrá lo demás».

Un hombre de ideas claras.

Os dejamos íntegro el número 511 de Heraldo Deportivo por si queréis curiosear.

Diego Quiroga y Losada, XI Marqués de Santa María del Villar, murió el 8 de mayo de 1976 en San Sebastián. Tenía 95 años. Antes, pudo ganarse el sustento trabajando como jefe del departamento fotográfico de Regiones Devastadas en la dictadura franquista, lo que le permitió seguir recorriendo el país hasta su jubilación en 1960, año a partir del cual le sobrevinieron las penurias económicas (tuvo que vender parte de su colección) y el olvido por casi todos.

Una exposición retrospectiva organizada en 1998 en el Koldo Mitxelena donostiarra marcará la progresiva recuperación de un autor del que se dice que recorrió 1.200.000 kilómetros a lo largo de su vida (más de tres veces la distancia de la tierra a la luna, más que Juan Pablo II en sus 104 viajes papales). Y todo por una pasión: escribir con luz.

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En el fondo no hemos cambiado tanto, ¿no?

[Algunas fuentes consultadas: La polémica participación de España en los Juegos Olímpicos de Amberes 1920 (Xavier Torrebadella Flix y Fernando Arechea Rivas), El deporte como elemento del proceso modernizador de la sociedad española (1910-1936) (Antonio Rivero Herraiz), Fotografía y Arte: IV Encuentro en Castilla-La Mancha (Juan Pablo Calero Delso e Isidro Sánchez Sánchez), Archivo Privado de Pedro Anta Fernández: la colección fotográfica del marqués de Santa María del Villar sobre Ávila (José María González Muñoz y Pedro Anta Fernández), «El Archivo Real muestra las fotos históricas de Diego de Quiroga sobre el Camino de Santiago» (El País, 5 de enero de 2005)]

Un comentario en “Historia de una foto

  1. Irónico se muestra el bloguero hoy con su comentario final a la actual panorámica del puerto de Corrubedo, al que llamaba “el temido” nuestro marqués fotógrafo.
    ¡Que belleza se retrata en la antigua foto, con aquellas gentes, y con sus lanchas plácidamente varadas en las suaves arenas de A Robeira!
    Nada que ver con lo que hoy contemplamos, atónitos, soñando con un primigenio lugar, salvaje pero acogedor, que supo, y pudo, mantener la tradición y el oficio marinero hasta hoy.
    ¡Sería tan bonito retroceder en el tiempo y disfrutar de tan virginal e idílico espacio!
    Un gran trabajo, una vez más.
    Seguid así, blogueros¡

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