El primer viaje de Carlos Gardel

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En plan seductor y encendiendo un pitillo: eran otros tiempos

Al fin. Se acabó.

Tras una impaciente espera de más de siete meses su cuerpo acaba de llegar a la ciudad. Estamos en febrero de 1936. Pleno verano. Unas cuarenta mil personas aguardan con ansia el atraque del buque en el puerto. Su entierro, que se celebrará al día siguiente en el cementerio de la Chacarita, se va a convertir en la mayor manifestación de duelo colectivo que se recuerda en la capital. Se ha muerto el ídolo, el hombre que revolucionó el tango canción, el argentino que triunfó como ningún compatriota antes. Ha nacido el mito, la leyenda.

Carlos Gardel falleció el 24 de junio de 1935 en Medellín en un accidente aéreo. Tenía 44 años. Fue enterrado allí, en esa localidad colombiana, mas las gestiones que asumiendo la voluntad de la madre del finado hizo su albacea Armando Defino provocaron la exhumación del cuerpo con la irreductible intención de devolverlo a su hogar. La extracción del cadáver tuvo lugar el 18 de diciembre. Un día después daba comienzo un largo periplo con ribetes surrealistas. Primero, de Medellín a La Pintada en tren. De ahí a Caramanta en automotor, desde donde, a falta de caminos por los que transitar, el ataúd será trasladado a lomo de mula hasta Riosucio. De Riosucio a Pereira otra vez en automotor. De Pereira a Buenaventura en tren. Allí embarca en el vapor Santa Mónica con destino a Panamá. Cambia de buque al Santa Rita y llega a Nueva York el 7 de enero de 1936. En la metrópoli va a ser velado en una casa funeraria hasta que, diez días después, el 17 de enero, será embarcado de nuevo en otro vapor, el Panamerican, rumbo a Buenos Aires adonde, después de hacer escala en Río de Janeiro y Montevideo, arribará el 5 de febrero de 1936 poniendo así remate a aquella desquiciante odisea…

Al fin. Se acabó. Ha concluido su último viaje. Carlitos, el Ronzal Criollo, ha vuelto a casa. Ya puede descansar en paz.

Pero…

¿Y qué hay de su primer viaje?

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La desquiciante odisea del cadáver del cantante: en tren, barco, automotor y a lomo de mula

Vaya por delante una cosa: los estudiosos gardelianos no se ponen de acuerdo sobre su lugar de nacimiento. Para unos, Tacuamberó (Uruguay) en algún año entre 1883 y 1887. Para otros, Toulouse (Francia) en 1890.

Lo que os vamos a referir aquí se basa en la segunda hipótesis. La de un Gardel galo, nacido Charles Romuald Gardès, hijo de Marie Berthe Gardès, planchadora, católica, madre soltera, humilde… una mujer que al parecer fue seducida por un militar (o viajante de comercio, según otras fuentes) llamado Paul Laserre, hombre casado, quien ante el estado de embarazo de su amante hizo un si te he visto no me acuerdo (una teoría apunta a que el muy bribón se marchó a París y allí formó parte de una banda de ladrones de cajas fuertes y tiendas de licores).

La desdichada Berthe ingresó el 10 de noviembre en el hospicio Saint-Joseph de la Grave, situado en el margen izquierdo del río Garona… y no tuvo que ser una convalecencia fácil: tardó más de un mes en dar a luz. Charles Romuald nació el jueves 11 de diciembre a las dos de la madrugada. Su acta de nacimiento, redactada por un tal Pierre Adouy, adjunto al alcalde de Toulouse, constata por escrito su condición de «hijo de padre desconocido».

Hay quien dice que a causa de este vergonzoso asunto la familia repudió a Berthe. No sabemos si es cierto. El caso es que, cuando dejó el hospital, en vez de volver con su madre se mudó a la casa de una amiga, Odalie Ducasse de Capot, propietaria de un taller de modista que le da trabajo.

Dos años estuvo allí, aunque su mente debía de volar por otra parte. Porque cuando una amiga común, Anäis Beaux, les envía una carta desde Buenos Aires con una invitación fue como si un rayo de luz se zafase de las tinieblas: el 14 de febrero de 1893, cuando el pequeño Charles contaba dos años, dos meses y tres días de edad, madre e hijo zarparán del puerto de Pauillac, situado a unos 40 kilómetros de Burdeos.

Su destino es América. La tierra prometida.

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Marie Berthe Gardès, la sufriente madre del tanguista

11 de marzo de 1983. El diario Clarín, el más poderoso del país, ese cuya histórica editora, Ernestina Herrera de Noble, alias La Señora, fallecía a los 92 años hace unos días, publicaba este rotundo titular: «El mito llegó desde Bordeaux».

La información que lo acompañaba había sido elaborada por un periodista experto en lides musicales llamado Héctor Ernié, quien supuestamente tenía en sus manos el documento definitivo que despejaba toda duda sobre el origen del cantante.

Esto es: un certificado emitido por la Dirección General de Migraciones datado el 13 de junio de 1977 y firmado por Inés de las Nieves Barris, a la sazón jefa de la División Registro y Certificaciones, que daba fe de que un niño de dos años inscrito como Charles Gardes había llegado a la Argentina el 11 de marzo de 1893 procedente de Burdeos.

Y ahora leed vosotros mismos el nombre del barco en el que viajó.

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El certificado del pasajero número 122 de los 145 que navegaban a bordo

«Vapor dom Pedro».

¿Os suena?

Pues sí. Exactamente dos años, dos meses y dieciséis días antes de que se hundiese en los bajos de Corrubedo erigiéndose en luctuoso protagonista de una noticia que adquirió alcance planetario, el trasatlántico de la compañía Chargeurs Réunis había transportado como pasajero a Carlos Gardel en el que fue sin lugar a dudas el viaje más importante de su vida, ese sin el cual sería imposible que se convirtiese en la leyenda que es.

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Nos volvemos a topar con el trasatlántico Dom Pedro con sus 104 metros de eslora

Indagando un poco más, sabemos que el vapor lo capitaneaba el mismo Vincent Marie Créquer que luego tendría que catar el amargor de verse señalado responsable de un accidente ocurrido un día de primavera a las cinco de la tarde con mar calmo y cielo despejado, ocasionando la muerte de 83 personas [ya os adelantamos que fue llevado a juicio y os prometimos contar qué sucedió… no se nos olvida].

Seguimos con Gardel. Tras una penosa travesía con escalas en Santa Cruz de Tenerife y Montevideo (en el trayecto los inmigrantes suizos del cantón de Valais se daban ánimos entonando el «Chant des colons et émigrants valaisans»), el buque amarra en el moderno dique 1 del puerto bonaerense, inaugurado tres años antes. Al desembarcar, Berthe se registra como viuda para evitar habladurías. La recibe Anäis Beaux, que los aloja en la habitación de un conventillo (así llamaban a las modestas viviendas fraccionadas por sus propietarios con el fin de alquilarlas por habitaciones) sito en la calle Uruguay 163. Mientras, el Dom Pedro emprende su viaje de vuelta a Europa con cargamento de ganado destinado a abastecer el mercado londinense.

El resto de la historia se aleja del objeto de este blog: su mudanza a otro conventillo en Corrientes 1553, su contacto precoz con la farándula como integrante de la claque de Luis Ghiglione Patasanta, las primeras actuaciones en el café O’Rondermant, el exitoso debut en Montevideo, su encuentro con Enrico Caruso de viaje a Brasil, su querencia por malas compañías y apuestas de caballos, una bala alojada en el pulmón tras su fiesta de cumpleaños, «Mano a mano», «Siga el corso», las giras por Europa, la Ópera de París, la forja de un galán de sonrisa triste gracias en buena parte a un gallego de A Estrada, el celuloide, la Paramount, Nueva York, la NBC, «Cuesta abajo», «Mi Buenos Aires querido», «El día que me quieras», su marcha triunfal por los países de Latinoamérica… hasta aquel lunes aciago de finales de junio en que su avión se estrelló con otro aeroplano segándole la vida para siempre…

Sí. Sus ojos se cerraron pero el mundo siguió andando, para honrarlo, para venerarlo, para recordarlo como el más grande cantor de tangos que nunca ha existido ni existirá jamás.

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El choque acaecido en el aeródromo Las Playas: diecisiete muertos y tres que sobrevivieron

Y ya.

¿Una relación circunstancial con Corrubedo? Sin duda. Pero nos gusta pensar que por los pasillos de un barco que aún sigue aquí, desintegrándose lentamente, una vez correteó un niño llamado Charles Romuald balbuceando en francés sus primeras palabras… alguien que, con otro nombre y en otro idioma, habría de dejar varios años después una huella indeleble en el firmamento.

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Los restos del primer barco en que viajó Gardel, desintegrándose aquí en silencio

[Algunas fuentes consultadas: Carlos Gardel: El canto de tango (Osvaldo Barsky y Julián Barsky), «Fin del misterio: muestran la partida de nacimiento de Gardel» (La Nación, 19 de septiembre de 2012), «El épico viaje del cuerpo de Gardel entre Medellín y Buenos Aires» (BBC Mundo, 23 de junio de 2015), «El monumento histórico Hospital de La Grave en Toulouse está estrechamente vinculado con el nombre de Carlos Gardel» (www.gardelweb.net), «Dom Pedro» (www.solopecios.com), «Vapor Dom Pedro» (leonsteiner.blogspot.com)]

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